viernes, 5 de junio de 2026

Soy hijo de la Normal


Soy hijo de la Normal
la que Demóstenes creó
y aquella luz nos dejó
para una patria inmortal.
El hecho trascendental
el mes de junio nacía
y sobre el llano crecía
el soberbio monumento,
y en los sonidos del viento
la cultura nos traía.
 
En cada salón brotaba
la flor del conocimiento,
la ciencia y el pensamiento
que la historia nos brindaba.
Y en ese rumbo se daba
la miel de la educación
prendida en el corazón
del maestro normalista
con la pluma siempre lista,
la tiza y el pizarrón.
 
En el mismo corazón
de la nación vivirá,
con el grito de Urracá
la Normal y su misión.
Y con la restauración,
que brota con su hermosura,
debe también, con premura,
restaurar el pensamiento
del progreso y del sustento
aunque la lucha sea dura.
 
Educar es transformar
la vida con puño diestro.
Y es por eso que el maestro
se tiene que superar.
Y hoy volvemos a empezar
con una visión realista
más profunda y humanista,
en esta Escuela Normal,
hasta la lucha final,
de la causa normalista.

Los árboles

 


Huele a monte, a verde palo
a raíz, a floración,
a la sombra de un mamón,
junto a un tamarindo rala
Viene del bosque el regalo
de un viejo cigua canelo,
que levantando del suelo
se vuelva flor de azahar...
entre sombras de un palmar
salen pedazos de cielo.

Está sin hoja el cedral
y se pinta el barrigón
como verde botellón
del camino, en el final.
Resplandece el platanal
bajo un solazo que mata
y el viento azul se desata
por las ramas del caimito
y se pierde el caminito
por entre lomas de plata
.

El harino es un primor
al lado del corotú;
y el espinoso arcabú
llena el aire de temor.
El naranjo en su verdor
llama al pájaro y al grillo,
y el solo se cae en el membrillo
lleno de mangos y jobos,
y se prende el algarrobo
de guayacán amarillo.

Por el camino gritando,
por la curva, mi saloma,
cuando el cielo se desploma
y el aire se va negreando...
con la luna voy hablando
de los árboles añosos,
donde el pueblo poderoso
levantó las esperanzas,
de la patria en lontananza
en su camino glorioso.

viernes, 20 de febrero de 2026

Quiero hablar de las comidas


Quiero hablar de las comidas

del tiempo viejo de ayer,

de la piedra de moler

la olla renegrida.

De las brasas encendidas

en tres piedras de fogón,

de la tula en el horcón,

y la tinaja en su horqueta;

y de aquella paila prieta

que daba buen concolón.


Arroz con frijol de palo

y carne asada en el chuzo,

recuerdo que desmenuzo,

de mamita en su regalo.

Hoy en mi cena no igualo

aquel café con su aroma,

y el caldo de la paloma,

con bollitos de maíz,

y mi mamita feliz

cuando me daba esas tomas


El sancocho de gallina

con orégano y culantro,

y agregado su buen tanto

de ñame y de yuca fina.

O la torta de sardina

con tortilla en la mañana,

comiendo con buena gana,

el plátano en tentación,

y un algo de chicharrón

con el adobo de iguana.


La morcilla picantita,

los frijoles,”coloraos”

y los guachos bien "guisaos"

que preparaba mamita.

Me gustaba darle cita

a la orilla del fogón;

ella ponía su tizón

y viraba la tortilla.

Era la gran maravilla,

la vieja en su dulce son.

Pueblos de la cordillera

 


Pueblos de la cordillera

que blanquean el panorama

con una torre lejana

entre sombras de palmeras.

Donde las brisas primeras

pasan llenas de rocío,

con el murmullo del río

hecho de espumas y saltos,

donde los árboles altos

de noche, tiemblan de frío.


Subiendo la carretera

curveando lomas y atajos,

de repente surge el bajo

de Boquete en primavera.

Cruzan quebradas ligeras

por el verde y negro manto,

en el aire viene un canto,

que se cuaja en los rosales,

y negrean los cascajales

entre bosques de agapantos.


Parece subir al cielo

la meseta de Lolá.

De noche se siente allá

el aire como de hielo.

En la madrugada, el suelo,

reverdece de rocío,

y aparece el caserío

entre mallas de neblina,

sobre la tibia colina,

viene el sol y se va el frío.


Casi al pie de la montaña

como una rosa en botón,

se mira el Valle de Antón

lleno de blancas cabañas.

Los riachuelos que lo bañan

tienen aguas cristalinas,

y son claras las colinas,

y frías las noches serranas,

las huertas por la mañana

tienen flores sin espinas.


Árbol de Macano

 


Como una mano, dos manos,

muchas manos arrugadas,

y amarrado a la alambrada

crece en el tiempo, el macano.

Maravilloso y humano

va curveando desde el suelo.

Cada rama en el recelo

que le impone su negrura,

se destaca en la llanura

rasgando el aire del cielo.


En diciembre con el viento

y bajo el cielo azulito

se viste de amarillito,

como pájaro del cuento.

Y cuando el golpe violento

del hachero lo tortura.

El árbol con su bravura

al propio acero revienta,

y parece una tormenta

el macano en su negrura.


Ya convertido en horcón,

o en estaca, o en solera,

su amarga y recia madera,

toda ella corazón,

dura un siglo en condición

de sostener un castillo,

aún tiene perfume y brillo,

vive los mejores días

y adorna la “estaquería"

con un incendio amarillo.


Por eso como el macano

debe ser el hombre aquel,

que quiera ser timonel

de su pueblo soberano.

Duro, indestructible, sano,

que no sepa de ruptura,

y que vaya a la segura

victoria sin vacilar

y ponga al pueblo a marchar

prendiendo su arboladura

lunes, 16 de junio de 2025

LA MUERTE



A la casa vino un día,
La muerte a buscarme a mí
Le abrí ía puerta y salí,
y le dije: buenos días.


Entre, querida señora,
tome el asiento y empiece,
dígame qué se le ofrece,
si es que no tiene demora.
Yo he venido aquí, a estas horas
respondió la “relamía”,
y de la falda vacía
fue sacando un documento,
la muerte, con su elemento,
A la casa vino un día.

Vengo a buscarlo señor,
me dijo la penitente.
Le crujían todos los dientes,
y aquello me daba horror.
Ay, Señora, por favor,
bórreme pronto de allí.
Tortilla y café le di,
para ganarle confianza.
Vino llena de esperanza
La muerte a buscarme a mí.

Yo me puse a lamentar
la terrible desventura,
la vida pobre y oscura,
la miseria del solar.
No hay tierra pa’ trabajar.
No crece arroz ni maíz.
Tenga compasión de mí,
Señora Muerte y no insista.
Bórreme usted de esa lista,
Le abrí la puerta y salí.

Se puso triste la muerte
de oir mi lamentación,
se le achicó el corazón
de saber mi negra suerte.
Será mejor complacerte,
dijo su voz que gemía
Yo miré cómo sufría,
y al no poderse aguantar,
ella se puso a llorar,
Y le dije: buenos días.


Changmarín- Libro Socabón 1959.

viernes, 28 de marzo de 2025

Es de azúcar la mujer

 
Es de azúcar la mujer,
es de miel y es de sal,
tiene del bien y del mal
en su perfumado ser.
Jamás se puede saber
a fondo su realidad,
si es que sirve a la maldad,
o nos da buenaventura,
si es fruto de la diablura
o fruto de la santidad.
 
La mujer es transparente
como el carácter del día;
pero también es sombría
como la noche creciente.
Es suave cuando se siente
como un capullo de rosa,
pero también es rasposa
según como deba actuar,
pues sabe también pelear
y es temible y peligrosa.
 
No es débil sino muy fuerte,
no se rinde ante el dolor,
y le sobra más valor
a la hora de la muerte.
Tiene a veces mala suerte
por las rutas de la vida,
anda con el alma herida
pero en eso se levanta,
y a veces batalla y canta
cuando su polluelo anida.
 
Como la abeja en su casa
tiene por dentro la miel,
que a veces transforma en hiel
y la amargura traspasa.
Pero la mujer rebasa
al mismo sol en belleza,
a la luna en su pureza,
a la tierra en producción,
y le sobra corazón
en su extendida grandeza.


La palabra es un tizón

  

La palabra es un tizón
cuando prende se levanta,
y a la oscuridad espanta
en toda la dimensión.
La palabra es explosión
rayo que fulmina el mundo,
eco del trueno profundo,
luz del sol de mediodía
la palabra en su porfía
hace al tiempo más fecundo.
 
La palabra es agua clara,
cielo azul, verde mañana,
la paloma en su ventana,
la niña de fina cara.
Es la orquídea dulce y rara
el pájaro en su armonía,
el amanecer del día,
la fresca brisa, el rocío,
la murmuración del río
hecho canción y poesía.
 
La palabra es la distancia
el recuerdo de las cosas,
las penurias dolorosas
de las primeras infancias.
Viejas y tristes fragancias
de cartas que se escribieron
de versos que se perdieron
por la mitad del camino,
sin llegar a su destino
con sus llantos lastimeros.
 
Pero la palabra es
también lo que ha de venir,
el rumbo y el porvenir
lo que cantarán después.
Es el andar con los pies
del pueblo que no se calla,
y que pasa la muralla
en cualquier condición,
y que avanza en dirección
para ganar la batalla.