Pueblos de la cordillera
que blanquean el panorama
con una torre lejana
entre sombras de palmeras.
Donde las brisas primeras
pasan llenas de rocío,
con el murmullo del río
hecho de espumas y saltos,
donde los árboles altos
de noche, tiemblan de frío.
Subiendo la carretera
curveando lomas y atajos,
de repente surge el bajo
de Boquete en primavera.
Cruzan quebradas ligeras
por el verde y negro manto,
en el aire viene un canto,
que se cuaja en los rosales,
y negrean los cascajales
entre bosques de agapantos.
Parece subir al cielo
la meseta de Lolá.
De noche se siente allá
el aire como de hielo.
En la madrugada, el suelo,
reverdece de rocío,
y aparece el caserío
entre mallas de neblina,
sobre la tibia colina,
viene el sol y se va el frío.
Casi al pie de la montaña
como una rosa en botón,
se mira el Valle de Antón
lleno de blancas cabañas.
Los riachuelos que lo bañan
tienen aguas cristalinas,
y son claras las colinas,
y frías las noches serranas,
las huertas por la mañana
tienen flores sin espinas.