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Fundación para la promoción de la obra artística y literaria de Carlos Francisco Changmarin.
miércoles, 3 de septiembre de 2014
Décima - SI QUIERES TENER CANAL
miércoles, 20 de agosto de 2014
lunes, 18 de agosto de 2014
Changmarín en Mural alusivo a 100 años del Canal - Muro del Estadio Omar Torrijos- SAntiago Veraguas
- Lunes 18 de agosto de 2014 - 12:00 a.m./ El Siglo.
Changmarín en los 100 del Canal
Fueron 15 los pintores que participaron en esta hermosa obra que está en la ciudad de Santiago.
ARTE
Un mural de 30 metros de ancho alusivo a los 100 años del Canal de Panamá fue confeccionado por un grupo de alrededor de 15 pintores veragüenses.
La obra quedó plasmada en una parte del muro del estadio Omar Torrijos Herrera de la ciudad de Santiago. Los artistas tomaron dos días para dibujar y pintar este gigantesco cuadro.
Alma Núñez, una de las participantes, expresó que para los pintores es muy importante dejar un legado de su trabajo como tal, y refiriéndose a esta ocasión por los 100 años del Canal, es un privilegio expresar esos conocimientos por medio del arte.
Jorge Camaño, otro pintor de la provincia, dijo sentirse entusiasmado en aportar parte de esa experiencia dejando huellas en esta obra, que no solo será un atractivo para los veragüenses, sino a quienes nos visiten a diario de otros sectores del país, incluso extranjeros.
‘Con esto se logrará recordar siempre la importancia que tiene el Canal para los panameños y quede siempre ese reconocimiento de grandes personalidades que en ese entonces fueron parte de este gran proyecto, y qué mejor manera a través de la pintura’, acotó este pintor.
En tanto, Ricardo Cruz, presidente de la Asociación de Artistas Visuales de Panamá, capítulo de Veraguas, informó que esta obra forma parte de las proyecciones culturales que tiene la asociación.
‘No podíamos ser ajenos a esta importante conmemoración, por ende se tomó esta iniciativa en la que cada uno de los asociados aportaron de manera voluntaria el tiempo para confeccionar el mural’, sostuvo Cruz.
Por el momento es una las pinturas alusivas al Canal más grandes en el interior del país, según manifestaron los artistas, que hicieron referencia a los tres juegos de esclusas, también se dibujaron palomas blancas como signo de paz entre Panamá y el mundo y personalidades de gran relevancia como el recordado poeta veragüense Francisco Changmarín.
viernes, 15 de agosto de 2014
miércoles, 30 de julio de 2014
Chang Marín: Escritor y artista de Veraguas
Universidad de Costa Rica.
Chang Marín: Escritor y artista de Veraguas
El poeta y pintor panameño Francisco Chang Marín falleció el 5 de diciembre de 2012, a la edad de 90 años; fue un luchador de las causas nacionalistas, y en defensa del folclor y del ambiente y cultura autóctonas. Aquí presentamos extractos de una entrevista que le hizo Gabriel Vargas en setiembre de 2009.
En este barrio que paradójicamente queda en “la calle primera final” de Santiago, abundan los mangos y las ramas cuelgan sobre las aceras. Aquí, en una casa semioculta por el follaje, viven don Carlos Francisco Chang Marín y su gentil esposa doña Eneida Romero. Sin necesidad de tocar la puerta abierta de esta casa llamada El Manguito, saludamos y pronto vienen a recibirnos.
Nos atiende doña Eneida en una sala llena de diplomas y recuerdos. Unos minutos después se incorpora don Chico, que algo se tiene en el fondo de la casa. Con la amabilidad propia de estas tierras, de inmediato me adoptan y empieza el diálogo, primero de familia y luego de trabajo, después de literatura…
Desde muy joven uso el seudónimo, más bien el apelativo, de Changmarín. Al unir los dos apellidos sin separación fonética ni gráfica, quiero expresar que me siento chino y criollo al mismo tiempo.
Nací orgullosamente en Santiago de Veraguas. Mi padre era de origen chino y mi madre nacida en Panamá. Por los valores conservadores del campesino de los años 20, mi padre no me reconoció públicamente y me obligó a vivir separado de mi madre, con una tía paterna. Con mayor crueldad que como cuento en mi novela Chico Perico, me trató mi tía como un esclavo constantemente humillado. No quiero decir que mi padre me maltratara, pero sí puedo decir que no me defendió y esto fue una forma de violencia.
En la casa de mis abuelos maternos, en el caserío de Los Leones, pasé mis primeros años. Aquel caserío apenas tenía unas cuantas casas, más bien ranchos de paja con piso de tierra, rodeadas de algunos árboles apretados y corpulentos. La ciudad, donde había escuela y autoridades, quedaba como a una hora de camino. Poco me interesaba esa ciudad porque en el rinconcito de mis abuelos tenía, además de sus cuidados y enseñanzas, los animales de la casa como el perro, las gallinas y la vieja vaca con su ternera, y los animales libres como las grullas pasajeras y los pájaros de colores que parecían tener un arpa en la garganta. Me aficioné desde muy pequeño a vagabundear por los prados y a apreciar la música sinfónica que estoy seguro que sonaba entre los ramajes. Por eso, cuando me arrancaron de ahí y me llevaron a la ciudad, a vivir con mis tías de esclavito, sentí que me llevaban a un mundo limpio y ordenado donde para moverme una pulgada tenía que pedir permiso.
No obstante, en la ciudad pude ir a la Escuela. Aunque al principio me costó someterme a la disciplina, con el tiempo logré adaptarme y me sirvió mucho porque creo que saqué provecho. En la novela Chico Perico, llamo don Bonifacio a un buen maestro que tuve, un verdadero tutor de muchas generaciones en ese pueblo. Era maestro viejo y partidario de aquel precepto que dice “la letra con sangre entra”, pero le sobraba conocimiento y experiencia para formarnos. Los padres de familia, pese al famoso metro de “los cien centímetros” con el que algunas veces castigaba, lo preferían porque era persona muy justa, recta y con buena pedagogía. Sabía enseñar, formaba ciudadanos ejemplares y parecía una enciclopedia ambulante.
De la casa de mi tía salí siendo muy joven y me fui a la ciudad de Panamá donde desempeñé los más diversos oficios. Trabajé inclusive en la construcción del Canal de Panamá bajo el mando de los capataces gringos. Allí fui testigo del mal trato que se daba a los trabajadores que no eran estadounidenses. Guardadas las distancias, pienso que así como me trató mi mala tía, así trataban a los trabajadores panameños en la Zona del Canal. Pero la mala experiencia me sirvió para formarme criterio político y convencerme de que había que buscar una solución.
Después de un tiempo regresé a mi Santiago de Veraguas y estudié para maestro en la Escuela Normal Juan Demóstenes Arosemena que acababan de fundar, donde me gradué en 1943. Allí fui formado por intelectuales chilenos y españoles, algunos de los cuales habían huido del fascismo. Por cierto, aquí trabajó el maestro y poeta costarricense Carlos Luis Sáenz cuando lo echaron del trabajo en Costa Rica, yo creo que también por su ideología. Estas personalidades me ayudaron a terminar de formarme políticamente. Después de mis estudios en la Normal, llevé algunos cursos en el Conservatorio Nacional de Música, en ciudad de Panamá, pero tuve que interrumpir esa formación por razones familiares y de trabajo.
En Costa Rica, los escolares de los años 50 conocieran a Urracá porque él fue un héroe centroamericano. A principios del siglo XVI, él era el monarca de los territorios hoy denominados Veraguas, y ofreció la mayor resistencia posible a la conquista durante cerca de nueve años. En Panamá, lo reconocemos desde que nos sentimos nación y más en la Normal por nuestra labor educadora. A mí me tocó gestionar que la estatua que habían inaugurado en ciudad de Panamá y estaba bastante descuidada en un parque de esa ciudad, nos la trajéramos para acá prácticamente sin permiso y la pusiéramos en los jardines del nuevo edificio. Después reclamaron por el traslado, pero ya estaba aquí y no se atrevieron a disputársela a los veragüenses. Tal vez aquí vio esa estatua Carlos Luis Sáenz cuando trabajó en la Normal, y por ello tuvo presente a este héroe para citarlo en los textos que él redactó para la escuelas costarricenses.
Entre 1940 y 1950 trabajé como maestro en algunas escuelas rurales. También me tocó apoyar movimientos, principalmente de estudiantes, que se organizaban para combatir graves problemas sociales. Tengo que confesar que me despidieron algunas veces y en más de una me encarcelaron, pero seguí trabajando desde prisión. No, no sufrí mucho y con frecuencia, les ayudaba a los vigilantes escribiéndoles las cartas y versos de amor que necesitaban. Sumando mis cárceles, calculo que me tuvieron tras las barras por lo menos cuatro años. Uno de los encarcelamientos fue por haber ido a la temible China Roja en 1953 y haber traído una película sobre los crímenes de los estadounidenses en Corea. Lo último que hicieron fue expulsarme del país y mandarme a Chile en 1968. Allí realicé estudios de pintura en la Universidad Nacional de Chile y en algo apoyé la campaña que llevó a Salvador Allende a la presidencia en 1970.
Sí, es verdad que cuando regresé de Chile trabajé en organizaciones sociales con gente que han dicho que era del Partido Comunista. Lo más importante era que se trataba de personas que luchaban por la soberanía de Panamá. Lo único que se quería era que nuestro país tuviera control de su canal, lo cual como usted sabe se acordó en 1977 con el Tratado Torrijos-Carter, aunque tuvimos que esperarnos más de 20 años para que ese acuerdo se concretara, es decir hasta el 99. Antes, en el 89 nos invadieron y tuvimos muchos inocentes muertos. Ese cuadro, sí el de esta mujer, lo pinté porque me horrorizó una anécdota sobre una mujer que corría desesperada con el medio cuerpo de su pequeño niño destrozado por las bombas. Esas que parecen libélulas y que sobrevuelan no son los insectos, son los cientos de helicópteros que ocupaban el cielo sobre la ciudad.
Claro que conocí personalmente al general Torrijos, él era de aquí de Veraguas. Fue hijo de maestros rurales y también se graduó de maestro aquí en la Normal. Torrijos venía con frecuencia a su provincia natal y se reunía con líderes campesinos y en algunos casos participé en esas reuniones. Por supuesto que también lo apoyé porque luchaba por la soberanía de Panamá. Hay unas décimas mías que canta Piye Collado, y dice su biógrafo Chuchú Martínez, que a Torrijos le gustaban y hasta las cantaba también. A propósito de décimas, hubo un tiempo en que escribí algunas para un programa de radio que tenía el gobierno, las cuales me pagaban por cuanto era un trabajo. No obstante, algunos me criticaron porque me pagaran, pero yo escribía sobre las cosas que pienso. Para contestar esas críticas escribí una décima, cuyos primeros versos son los que están en este cuadro: “Mi décima no se vende/ ni se entrega ni se alquila,/en el cielo se perfila/y ella misma se defiende.”
En realidad, la décima es un género que me gusta porque es de origen popular y se presta para muy diversos temas, desde los aspectos sociales y políticos hasta la ciencia y la filosofía. Si bien algunas décimas pueden resultar humorísticas, jamás deben usarse como payasada porque son una forma de expresar la protesta, de reclamar y de poner en su lugar a los indignos. El cantor representa al pueblo y por eso no debe permitir que lo callen ni que se burlen de su arte. La décima es clara y no le gusta la oscuridad y la abstracción, por eso no les simpatiza a algunas personas que quieren dejar las cosas como están, que tienen alma colonial. Los que llevan la cuenta de esas cosas han dicho que soy el único compositor panameño que ha publicado tres libros de décimas. No sé, pero ahí están Socavón, de 1959, Los Versos del Pueblo, del 73, y Cantadera, que es del 95. Aunque aprendí a cantar y a tocar la guitarra mejoranera de mi madre y mi abuelo materno, no canto mis décimas sino que se las doy a mi pueblo para que mejor las cante.
El libro Poemas corporales, de 1955, no son décimas sino distintos tipos de estrofa, en endecasílabo. Es un canto al cuerpo humano, no en el sentido hedonista, sino al cuerpo como instrumento de trabajo, a veces atormentado pero siempre base de nuestra capacidad de lucha. En la parte final incluyo unos poemas a héroes de nuestra nacionalidad, de la conquista, como Urracá que luchó largamente contra los españoles, y París, quien prefirió morir quemado que someterse a esos invasores; y del proceso de Independencia, como el general Victoriano Lorenzo, traicionado y fusilado para facilitar una “independencia” regida por el principio de Panamá CEDE. ¿Que qué quiere decir “Cede”? Pues quiere decir que nuestro país cede o sea entrega su territorio, su canal, etc…
Sobre mi obra narrativa y, a propósito de Victoriano Lorenzo, le digo que este patriota me ha interesado mucho y lo he tratado en décimas sueltas y en una biografía completa que se llama El cholito que llegó a general. Pero también le dediqué una novela corta que se llama El guerrillero transparente, de 1981. Esa obra la tradujeron al ruso con el nombre de "El general de cristal". Fue un esfuerzo por traducir la historia de su lucha en la Guerra de los Mil Días, entre el 1899 y el 1903, a una imagen artística. Es una novela corta que trata a Victoriano Lorenzo hombre y héroe, y también a Victoriano mito invencible. El título de "transparente" se debe a que considero que fue uno de los pocos istmeños históricos que no se entregó ni al imperialismo naciente, ni a la oligarquía. La poca crítica que se le ha hecho a mi novela es para decir que se politizó y que se enfatizó mucho el mensaje. No sé... tal vez porque no lo envolví en una trama amorosa, ni narré sobre sus relaciones sexuales, como es la moda actual. Algunos consideraron que era una obra de testimonio; pero tales testimonios no pudieron ser porque cuando escribí la obrita, los testigos hacía añales que habían muerto.
Mi última novela Las gracias y las desgracias de Chico Perico, del 2005, es representativa de un área en la que he trabajado toda la vida, que es la literatura para niños y jóvenes. Sin embargo, esta novela la dirijo también a los “viejos niños”. Es muy autobiográfica en los hechos pero también está llena de fantasía porque trato de expresar como piensa el niño Chico Perico. Mediante ella presento algunas tesis sobre el respeto debido a nuestros hermanos indígenas, sobre la gratitud a los héroes y el reconocimiento a los buenos maestros. Asimismo, mis personajes se encargan de poner en su lugar a los conquistadores que nos maltrataron y a los estadounidenses que les ha costado tanto reconocer nuestra soberanía. Y a lo largo de toda la obra impulso el valor de la ciencia, el conocimiento, el ingenio para enfrentar nuestros problemas.
Chang Marín: Escritor y artista de Veraguas
Miércoles, 30 de Enero de 2013 05:15
Escrito por Gabriel Vargas Acuña
En este barrio que paradójicamente queda en “la calle primera final” de Santiago, abundan los mangos y las ramas cuelgan sobre las aceras. Aquí, en una casa semioculta por el follaje, viven don Carlos Francisco Chang Marín y su gentil esposa doña Eneida Romero. Sin necesidad de tocar la puerta abierta de esta casa llamada El Manguito, saludamos y pronto vienen a recibirnos.
Nos atiende doña Eneida en una sala llena de diplomas y recuerdos. Unos minutos después se incorpora don Chico, que algo se tiene en el fondo de la casa. Con la amabilidad propia de estas tierras, de inmediato me adoptan y empieza el diálogo, primero de familia y luego de trabajo, después de literatura…
Desde muy joven uso el seudónimo, más bien el apelativo, de Changmarín. Al unir los dos apellidos sin separación fonética ni gráfica, quiero expresar que me siento chino y criollo al mismo tiempo.
Nací orgullosamente en Santiago de Veraguas. Mi padre era de origen chino y mi madre nacida en Panamá. Por los valores conservadores del campesino de los años 20, mi padre no me reconoció públicamente y me obligó a vivir separado de mi madre, con una tía paterna. Con mayor crueldad que como cuento en mi novela Chico Perico, me trató mi tía como un esclavo constantemente humillado. No quiero decir que mi padre me maltratara, pero sí puedo decir que no me defendió y esto fue una forma de violencia.
En la casa de mis abuelos maternos, en el caserío de Los Leones, pasé mis primeros años. Aquel caserío apenas tenía unas cuantas casas, más bien ranchos de paja con piso de tierra, rodeadas de algunos árboles apretados y corpulentos. La ciudad, donde había escuela y autoridades, quedaba como a una hora de camino. Poco me interesaba esa ciudad porque en el rinconcito de mis abuelos tenía, además de sus cuidados y enseñanzas, los animales de la casa como el perro, las gallinas y la vieja vaca con su ternera, y los animales libres como las grullas pasajeras y los pájaros de colores que parecían tener un arpa en la garganta. Me aficioné desde muy pequeño a vagabundear por los prados y a apreciar la música sinfónica que estoy seguro que sonaba entre los ramajes. Por eso, cuando me arrancaron de ahí y me llevaron a la ciudad, a vivir con mis tías de esclavito, sentí que me llevaban a un mundo limpio y ordenado donde para moverme una pulgada tenía que pedir permiso.
No obstante, en la ciudad pude ir a la Escuela. Aunque al principio me costó someterme a la disciplina, con el tiempo logré adaptarme y me sirvió mucho porque creo que saqué provecho. En la novela Chico Perico, llamo don Bonifacio a un buen maestro que tuve, un verdadero tutor de muchas generaciones en ese pueblo. Era maestro viejo y partidario de aquel precepto que dice “la letra con sangre entra”, pero le sobraba conocimiento y experiencia para formarnos. Los padres de familia, pese al famoso metro de “los cien centímetros” con el que algunas veces castigaba, lo preferían porque era persona muy justa, recta y con buena pedagogía. Sabía enseñar, formaba ciudadanos ejemplares y parecía una enciclopedia ambulante.
De la casa de mi tía salí siendo muy joven y me fui a la ciudad de Panamá donde desempeñé los más diversos oficios. Trabajé inclusive en la construcción del Canal de Panamá bajo el mando de los capataces gringos. Allí fui testigo del mal trato que se daba a los trabajadores que no eran estadounidenses. Guardadas las distancias, pienso que así como me trató mi mala tía, así trataban a los trabajadores panameños en la Zona del Canal. Pero la mala experiencia me sirvió para formarme criterio político y convencerme de que había que buscar una solución.
Después de un tiempo regresé a mi Santiago de Veraguas y estudié para maestro en la Escuela Normal Juan Demóstenes Arosemena que acababan de fundar, donde me gradué en 1943. Allí fui formado por intelectuales chilenos y españoles, algunos de los cuales habían huido del fascismo. Por cierto, aquí trabajó el maestro y poeta costarricense Carlos Luis Sáenz cuando lo echaron del trabajo en Costa Rica, yo creo que también por su ideología. Estas personalidades me ayudaron a terminar de formarme políticamente. Después de mis estudios en la Normal, llevé algunos cursos en el Conservatorio Nacional de Música, en ciudad de Panamá, pero tuve que interrumpir esa formación por razones familiares y de trabajo.
En Costa Rica, los escolares de los años 50 conocieran a Urracá porque él fue un héroe centroamericano. A principios del siglo XVI, él era el monarca de los territorios hoy denominados Veraguas, y ofreció la mayor resistencia posible a la conquista durante cerca de nueve años. En Panamá, lo reconocemos desde que nos sentimos nación y más en la Normal por nuestra labor educadora. A mí me tocó gestionar que la estatua que habían inaugurado en ciudad de Panamá y estaba bastante descuidada en un parque de esa ciudad, nos la trajéramos para acá prácticamente sin permiso y la pusiéramos en los jardines del nuevo edificio. Después reclamaron por el traslado, pero ya estaba aquí y no se atrevieron a disputársela a los veragüenses. Tal vez aquí vio esa estatua Carlos Luis Sáenz cuando trabajó en la Normal, y por ello tuvo presente a este héroe para citarlo en los textos que él redactó para la escuelas costarricenses.
Entre 1940 y 1950 trabajé como maestro en algunas escuelas rurales. También me tocó apoyar movimientos, principalmente de estudiantes, que se organizaban para combatir graves problemas sociales. Tengo que confesar que me despidieron algunas veces y en más de una me encarcelaron, pero seguí trabajando desde prisión. No, no sufrí mucho y con frecuencia, les ayudaba a los vigilantes escribiéndoles las cartas y versos de amor que necesitaban. Sumando mis cárceles, calculo que me tuvieron tras las barras por lo menos cuatro años. Uno de los encarcelamientos fue por haber ido a la temible China Roja en 1953 y haber traído una película sobre los crímenes de los estadounidenses en Corea. Lo último que hicieron fue expulsarme del país y mandarme a Chile en 1968. Allí realicé estudios de pintura en la Universidad Nacional de Chile y en algo apoyé la campaña que llevó a Salvador Allende a la presidencia en 1970.
Sí, es verdad que cuando regresé de Chile trabajé en organizaciones sociales con gente que han dicho que era del Partido Comunista. Lo más importante era que se trataba de personas que luchaban por la soberanía de Panamá. Lo único que se quería era que nuestro país tuviera control de su canal, lo cual como usted sabe se acordó en 1977 con el Tratado Torrijos-Carter, aunque tuvimos que esperarnos más de 20 años para que ese acuerdo se concretara, es decir hasta el 99. Antes, en el 89 nos invadieron y tuvimos muchos inocentes muertos. Ese cuadro, sí el de esta mujer, lo pinté porque me horrorizó una anécdota sobre una mujer que corría desesperada con el medio cuerpo de su pequeño niño destrozado por las bombas. Esas que parecen libélulas y que sobrevuelan no son los insectos, son los cientos de helicópteros que ocupaban el cielo sobre la ciudad.
Claro que conocí personalmente al general Torrijos, él era de aquí de Veraguas. Fue hijo de maestros rurales y también se graduó de maestro aquí en la Normal. Torrijos venía con frecuencia a su provincia natal y se reunía con líderes campesinos y en algunos casos participé en esas reuniones. Por supuesto que también lo apoyé porque luchaba por la soberanía de Panamá. Hay unas décimas mías que canta Piye Collado, y dice su biógrafo Chuchú Martínez, que a Torrijos le gustaban y hasta las cantaba también. A propósito de décimas, hubo un tiempo en que escribí algunas para un programa de radio que tenía el gobierno, las cuales me pagaban por cuanto era un trabajo. No obstante, algunos me criticaron porque me pagaran, pero yo escribía sobre las cosas que pienso. Para contestar esas críticas escribí una décima, cuyos primeros versos son los que están en este cuadro: “Mi décima no se vende/ ni se entrega ni se alquila,/en el cielo se perfila/y ella misma se defiende.”
En realidad, la décima es un género que me gusta porque es de origen popular y se presta para muy diversos temas, desde los aspectos sociales y políticos hasta la ciencia y la filosofía. Si bien algunas décimas pueden resultar humorísticas, jamás deben usarse como payasada porque son una forma de expresar la protesta, de reclamar y de poner en su lugar a los indignos. El cantor representa al pueblo y por eso no debe permitir que lo callen ni que se burlen de su arte. La décima es clara y no le gusta la oscuridad y la abstracción, por eso no les simpatiza a algunas personas que quieren dejar las cosas como están, que tienen alma colonial. Los que llevan la cuenta de esas cosas han dicho que soy el único compositor panameño que ha publicado tres libros de décimas. No sé, pero ahí están Socavón, de 1959, Los Versos del Pueblo, del 73, y Cantadera, que es del 95. Aunque aprendí a cantar y a tocar la guitarra mejoranera de mi madre y mi abuelo materno, no canto mis décimas sino que se las doy a mi pueblo para que mejor las cante.
El libro Poemas corporales, de 1955, no son décimas sino distintos tipos de estrofa, en endecasílabo. Es un canto al cuerpo humano, no en el sentido hedonista, sino al cuerpo como instrumento de trabajo, a veces atormentado pero siempre base de nuestra capacidad de lucha. En la parte final incluyo unos poemas a héroes de nuestra nacionalidad, de la conquista, como Urracá que luchó largamente contra los españoles, y París, quien prefirió morir quemado que someterse a esos invasores; y del proceso de Independencia, como el general Victoriano Lorenzo, traicionado y fusilado para facilitar una “independencia” regida por el principio de Panamá CEDE. ¿Que qué quiere decir “Cede”? Pues quiere decir que nuestro país cede o sea entrega su territorio, su canal, etc…
Sobre mi obra narrativa y, a propósito de Victoriano Lorenzo, le digo que este patriota me ha interesado mucho y lo he tratado en décimas sueltas y en una biografía completa que se llama El cholito que llegó a general. Pero también le dediqué una novela corta que se llama El guerrillero transparente, de 1981. Esa obra la tradujeron al ruso con el nombre de "El general de cristal". Fue un esfuerzo por traducir la historia de su lucha en la Guerra de los Mil Días, entre el 1899 y el 1903, a una imagen artística. Es una novela corta que trata a Victoriano Lorenzo hombre y héroe, y también a Victoriano mito invencible. El título de "transparente" se debe a que considero que fue uno de los pocos istmeños históricos que no se entregó ni al imperialismo naciente, ni a la oligarquía. La poca crítica que se le ha hecho a mi novela es para decir que se politizó y que se enfatizó mucho el mensaje. No sé... tal vez porque no lo envolví en una trama amorosa, ni narré sobre sus relaciones sexuales, como es la moda actual. Algunos consideraron que era una obra de testimonio; pero tales testimonios no pudieron ser porque cuando escribí la obrita, los testigos hacía añales que habían muerto.
Mi última novela Las gracias y las desgracias de Chico Perico, del 2005, es representativa de un área en la que he trabajado toda la vida, que es la literatura para niños y jóvenes. Sin embargo, esta novela la dirijo también a los “viejos niños”. Es muy autobiográfica en los hechos pero también está llena de fantasía porque trato de expresar como piensa el niño Chico Perico. Mediante ella presento algunas tesis sobre el respeto debido a nuestros hermanos indígenas, sobre la gratitud a los héroes y el reconocimiento a los buenos maestros. Asimismo, mis personajes se encargan de poner en su lugar a los conquistadores que nos maltrataron y a los estadounidenses que les ha costado tanto reconocer nuestra soberanía. Y a lo largo de toda la obra impulso el valor de la ciencia, el conocimiento, el ingenio para enfrentar nuestros problemas.
jueves, 15 de mayo de 2014
VICTORIANO TRAICIONADO
VICTORIANO TRAICIONADO
Changmarín 1975
MATARON A VICTORIANO
LOS GODOS Y LIBERALES
PARA GANARSE UNOS REALES
DEL BOLSILLO AMERICANO
Bajo
de la serranía
empuñando una bandera;
frente dura, mano fiera
y la mirada bravía.
Al conservador batía
en los montes y en los llanos
y por eso los tiranos
en la perfidia se unieron
y en un juicio traicionero
MATARON
A VICTORIANO.
En el
campo su figura
de
guerrillero crecía
como
alta serranía
coronada
de bravura.
Y
cabalgaba en la anchura
de los
pueblos fraternales,
guerreando
contra los males
de la
politiquería,
mas
lo mataron un día
LOS
GODOS Y LIBERALES
No reconoció
el Tratado
del
Wisconsin, pues olía
que
una traición traía
para
su pueblo explotado,
por
el cual había luchado
en
las batallas infernales
y los
jefes liberales,
con
el godo Salazar,
lo
fueron a capturar
PARA
GANARSE UNOS REALES.
Su amargo
pecho inmortal
recordó
el fusilamiento
para
servir de argumento
a la
hechura del Canal.
Esta
es la historia fatal
de
aquel cholo coclesano,
que
con la espada en la mano
luchó
por la patria entera
y que
fue víctima artera
DEL
BOLSILLO AMERICANO.
miércoles, 7 de mayo de 2014
Conversatorio de la Novela de Changmarín en la Facultad de Ciencias Agropecuarias.
Estudiantes de la Facultad de Ciencias Agropecuarias, realizan conversatorio de la novela "En ese Pueblo No Mataban a Nadie".
Organizado por
el Departamento de Español de la
Facultad de Ciencias Agropecuarias se realizó un Coloquio
sobre la Novela En
Ese Pueblo No Mataban a Nadie, reeditada en 2013 por la Fundación Changmarín.
En este interesante evento, realizado el 22 de abril de 2014, el laureado poeta Dimas Lidio Pitty realizó una
extraordinaria semblanza del autor y la magíster Esperanza Martínez Palau, hizo la presentación de la obra y dirigió un
interesante coloquio con los futuros
ingeniero agrónomos. La actividad se realizó en el marco de la Semana de la Literatura y del
Escritor Panameño.
De igual manera, la especialista Lía Changmarín por parte de la Fundación Changmarín desarrolló un hermoso e interesante Taller de Creación Literaria con los niños del Centro de Orientación Infantil de la Facultad donde se les presentó un video corto del poema Los Apuros de la Abejita , un material audiovisual elaborado por jóvenes profesionales del diseño gráfico y la comunicación de nuestro país .
Las actividades fueron organizadas y coordinadas por la Profesora Marianela Pitty, quien demostró sus excelentes cualidades y compromiso por estimular el amor por la literatura panameña en nuestros jóvenes profesionales, condición básica como parte de su formación integral.
Coloquio en el Colegio Félix Olivares el 23 de abril
de 2014.
Un gran éxito fue el Coloquio sobre la Novela en Ese Pueblo No Mataban a Nadie realizado
por el Departamento de Español del Colegio Félix Olivares, bajo la Coordinación de la Profesora Alicia
de Pitty . participaron todos los estudiantes de duodécimo grado. Una reseña de la vida y obra
de Changmarín expuso el reconocido literato Dimas Lidio Pitty y a continuación
la especialista en literatura, profesora Esperanza Martínez Palau presentó la Novela y se realizo un
debate con asistentes.
jueves, 3 de abril de 2014
Premiación: CONCURSO NACIONAL DE LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL_ CARLOS FRANCISCO CHANGMARÎN
Ganador del Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil 2013, HECTOR COLLADO y su poemario
"Caminos de Tinta"
![]() |
Héctor Collado y Eneida de Changmarín
Ceremonia de Premiación
María Amparo Gracia , Directora de Publicaciones del INAC, Lic. María Eugenia Herrera de Victoria- Directora General del INAC y Héctor Collado- Ganador del Premio.
![]() |
| Familia Changmarín y Ganador del Premio versión Poemas 2013 |
miércoles, 26 de marzo de 2014
CHANGMARIN. Documental de Joaquín Horna, producido por la UP/ Fundación Changmarín.
PRODUCCIÓN:
RENÈ CHANGMARÌN Y JOAQUÌN HORNA DOLANTE
DIRECTOR DE FOTOGRAFÌA
ALVARO PINTO
ASISTENTE DE PRODUCCIÒN
ERIK MAGALLÓN.
PRODUCCIÒN DE AUDIO
AKIRA KOMATSU
PRODUCTORES EJECUTIVOS
RAFAEL AYALA Y GRISELDA LÓPEZ
EDICIÓN
JOAQUÍN HORNA SOSA.
ESCRITA Y DIRIGIDA POR
JOAQUÍN HORNA DOLANTE.
JOAQUIN HORNA DOLANTE
Sra. Eneida de Changmarìn, René Changmarín y Joaquìn Horna
CULTURA
Changmarín, el cronista panameño
ANA MARÍA PINILLA V/ apinilla@laestrella.com.pa
En 52 minutos, el fallecido intelectual panameño contó su vida. Es el primero de una serie de documentales biográficos
2014-03-25 — 12:00:00 AM — Recorrer la hoja de ruta de Changmarín es casi imposible. Proveniente de una época de firmes convicciones, su mapa histórico está repleto de libros, cartas, pinturas, ensayos, viajes y sobre todo mucha consciencia social.Pero Joaquín Horna y su equipo de trabajo con ánimos de aportar a la memoria de nuestra incompleta historia nacional, decidió realizar una serie de documentales con la biografía de Carlos Francisco Changmarín.
Horna, conversó con La Estrella de Panamá y nos contó lo simple y lo complejo del proyecto.
Una de las características más curiosas es que gran parte del documental es contado por el mismo Changmarín, él relata sus vivencias y a esto se le suma el relato de uno de sus hijos y una nieta del escritor.
¿POR QUÉ CHANGMARÍN ES EL PRIMERO?
Para Horna, muchos tienen méritos, pero Changmarín puede ser considerado un hombre del ‘renacimiento’.
‘Él logró desarrollarse en todas las áreas artísticas, explotando la pintura, literatura y la música’, así describe al autor de ‘Las Tonadas’, ‘Los Cuentos de la Cigarra’, ‘La Muñeca de Tusa’ y las novelas ‘El Cholito que llegó a General’, ‘Las gracias y las desgracias de Chico Perico’.
Pero, para el realizador lo más importante de Changmarín no es eso.
‘Él dedicó su vida a luchar por mejorar las causas del campesino pobre y por esa causa fue encarcelado y luego enviado al exilio. Era un intelectual comprometido’, afirmó Horna.
EL SUJETO POLÍTICO
En voz del mismo Changmarín el documental narra cómo en la década de los 50, trabajó como un maestro en varias provincias, en donde organizó el movimiento estudiantil para denunciar los problemas sociales del campesinado.
Por esto fue encarcelado varias veces, pero luego de estar adentro y afuera de prisión debido a cargos políticos, Changmarín fue exilado finalmente a Chile en 1968.
Mientras vivía en el país sureño, estudió pintura en la Universidad Nacional de Chile y se involucró en la campaña presidencial de Salvador Allende.
Una vez que se le permitió regresar a Panamá, Changmarín se organizó con los movimientos sociales existentes en los años 70 en Panamá y a la vez fundó y dirigió el boletín semanal ‘Unidad’, una publicación del Partido del Pueblo, espacio donde era militante.
Su forma de escribir clara y directa sirvió como una herramienta para las constantes luchas y las protestas que tomaron lugar en distintos países de Centroamérica y el Caribe durante los años 70 y 80.
La décima, fue su arma más útil, teniendo un efecto casi poético y logró unirla con los ecos sociales de los sectores más vulnerables, fusionándolos con profundos sentimientos nacionalistas.
Recorrer la vida de Changmarín es transitar por los senderos de la panameñidad, por eso el 3 de abril acérquese a las 10 de la mañana, al Auditorio Gil Blas Tejeira, de la Universidad de Panamá a ver el documental ‘Changmarín’ y haga así, turismo de consciencia, quizás en ese camino se encuentre como panameño.
viernes, 28 de febrero de 2014
Los Guayas: Homenaje musical a Changmarín
¡Changmarín influye en la música rock!. Sorprende hasta dónde llega la obra de Chico... Que Nochebuena Mala (novela sobre invasión) y las décimas (Me quieren comprar el canto) hayan sido detonante para el fluir musical de este grupo de jóvenes artistas veraguenses, la verdad que me llena de emoción. Chico Changmarín siempre inspirando.. el Maestro. Muchas felicidades muchachos Los Guaya's y a disfrutar del "ritual del acetato" de Chico Perico.
Los Guayas
El primer disco de la banda Los Guayas se titula Chico Perico, como un homenaje a uno de los personajes más emblemáticos del escritor panameño Carlos Francisco Changmarín.
Arrocha también se inclina por Nochebuena Mala porque es un "cuento que no es cuento, y que todo panameño debería leer. Sin embargo, como banda también nos influenciaron mucho sus décimas. Hay una muy hermosa que se llama Me quieren comprar el canto, que para todos los que hacemos música debiera ser de lectura obligada".
Se trata de un disco con carácter cultural y busca rescatar la identidad nacional.
ACETATO
El disco está compuesto por ocho canciones: Comején, El Príncipe, Saus, Santiago, Blancanieve, Amor de Jorón, El Monosílabo y Aquellos Días.
" Comején es la historia de la persona que llega a cierta edad y de repente mira hacia atrás, pone su vida en perspectiva, y se da cuenta que el tiempo pasó, que está solo y que tiene que vivir con lo que tiene, y mirar pa’ lante", indica José Barría.
Mientras que El Príncipe gira en torno a "un amigo de barrio que muere joven. Saus es una historia de la nostalgia del que se va a la ciudad y cada vez que regresa se da cuenta que el pueblo cambia aunque él no quiera. Santiago es un homenaje a la tierra que te vio nacer. Blancanieve es la canción psicodélica del disco, y también la que más elementos de música típica tiene. Es un cuento de hadas panameño", relata Barría.
Amor de Jorón es sobre el muchacho del pueblo que "se enamora de la extranjera y se va con ella a tratar de vivir mejor, pero no deja de extrañar su tierra. El Monosílabo es una canción dedicada al pritty de la fiesta, y Aquellos días está dedicada a los días de dictadura y la invasión militar estadounidense", anota.
El álbum está dedicado a la memoria del poeta Carlos Francisco Changmarín y se titula 'Chico Perico', nombre que lleva un famoso personaje de su obra.
ORÍGENES
Los Guayas está integrado por Julio Arrocha en la batería, David Caparó en la guitarra principal, Aaron Flores es la voz principal y toca la guitarra rítmica, Samuel Robles está en los teclados y el acordeón, y José Barría en el bajo.
Se definen como una banda santiagueña, ya que Arrocha, Flores y Barría nacieron en Santiago, y porque el resto de sus miembros tienen parientes cercanos en esa ciudad.
¿Por qué Los Guayas? "El nombre Los Guayas viene de guayabera. En los primeros tiempos de la banda se había decidido que solo tocaríamos en guayabera. Estábamos tratando de crear una suerte de singularidad en la puesta en escena para llamar la atención. Ya no somos tan rigurosos con el uso de las guayaberas. Julio es el único que las usa en vivo", indica José Barría.
Julio Arrocha da más pistas: "El nombre de la banda también proviene de una analogía sencilla: hace unos cinco años atrás cuando decidimos iniciar el proyecto, partimos con la premisa de hacer música fresca, y una amiga que participaba en la conversación comentó: 'que sea fresca como la guayabera que llevas puesta', y así de esa manera adoptamos Los Guayas, acordando siempre usar guayaberas en las presentaciones"
Álbum dedicado a la memoria de Carlos Francisco Changmarin.
Chico Perico cuento y cantina, risa y canción.
Personaje del pueblo que entre memorias nuestras y ajenas, va dándole vida a las historias de este disco.
credits
Aarón Flores - Voz y Guitarra
David Caparo - Guitarras, Rhodes & Organs
Jose Carlos Barría - Bajo
Ricardo Fernández - Percusión Latina
Julio Arrocha - Batería y trompeta
Jossue Acevedo - Trompeta
David Caparo - Guitarras, Rhodes & Organs
Jose Carlos Barría - Bajo
Ricardo Fernández - Percusión Latina
Julio Arrocha - Batería y trompeta
Jossue Acevedo - Trompeta
10 February 2014
Arte: Juan Mitre & Susana Santos. Producción ejecutiva Manuel Moisés Fernández. Grabado en PTY studios por Pablo Governatori & Ignacio Molino y estudio Indio por Julio Arrocha y David Caparo. Mezcla Pablo Governatori en PTY studio y Pablo Di Peco en el Pie Studio Buenos Aires. Masterizado por Jorge Montilla.
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